El Rey justo acabará con las injusticias

¿Alguna vez ha conocido a personas que prosperan por medio de la mentira, el abuso o el fraude? ¿Alguna vez ha observado la sagacidad de muchos para hacer uso de medios injustos para obtener ventajas e inclinar la balanza hacia su propia conveniencia? El profeta Isaías nos da la promesa de que un Rey verdaderamente justo un día vendrá:

He aquí que para justicia reinará un rey . . . Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa . . . El ruin nunca más será llamado generoso, ni el tramposo será llamado espléndido . . .  ¡Ay de ti, que saqueas, y nunca fuiste saqueado; que haces deslealtad, bien que nadie contra ti la hizo! Cuando acabes de saquear, serás tú saqueado; y cuando acabes de hacer deslealtad, se hará contra ti. Isaías 32:1-2, 5 y 33:1

Lamentablemente, la injusticia y el abuso son tan comunes en nuestros días que ocurren igual entre ricos y pobres y en personas de toda nacionalidad y trasfondo cultural. Para muchos de nosotros es fácil señalar la corrupción de los gobiernos y de personas puestas en posiciones de autoridad. Y esto tristemente es realidad. Muchos salen de sus países escapando de las consecuencias que la injusticia y la corrupción han creado. Abuso, racismo, falta de empleo, pobreza extrema, violencia y toda clase de males sociales son la consecuencia de decisiones humanas basadas en la avaricia, el engaño y el uso de todo tipo de medidas injustas para obtener ventaja y dominio sobre otros.

En Latinoamérica por muchos años se nos inculcó que la revolución de las masas habría de ser la esperanza de justicia para nuestras naciones. La esperanza era quitarle los medios de producción a los corruptos e injustos para ponerlos en las manos del pueblo. Lamentablemente, todas las experiencias revolucionarias en Latinoamérica, sin excepción, demostraron que en las revoluciones y procesos políticos solamente se sustituye la opresión de unos por otros. Cuando las viejas autoridades eran derrocadas, las nuevas repetían la corrupción y el abuso de sus antecesores. Para el latinoamericano la esperanza en los procesos revolucionarios o políticos resulta ser muy flaca.

Pero la misma realidad se presenta en los gobiernos de derecha dónde las leyes macroeconómicas del mercado rigen y el pez gordo se come al chico. Es estos gobiernos la justicia y la ley frecuentemente opera en favor del rico y el poderoso. Muchas personas enriquecen y obtienen posiciones de poder haciendo uso del engaño y de todo tipo de medidas injustas. Muchos “tramposos y ruines,” como dice el profeta Isaías, son reconocidos como “generosos y espléndidos” benefactores de la sociedad. Y la gente ciegamente pone su confianza en ellos.

Es fácil señalar la injusticia de las obras y acciones de todas estas personas porque a menudo somos víctimas de sus injusticias. Pero a nuestros propios ojos, nuestros propios esfuerzos por obtener ventajas y beneficios por medio de la injusticia nos parecen insignificantes. Por lo general no nos preocupa cuando la injusticia es nuestra, sólo la de los demás.

Por ejemplo, cuando somos tentados a hablar mal de los compañeros de trabajo con los jefes para obtener una mejor posición, mejor salario y prestaciones. Cuando mentimos para no pagar lo que debemos a una persona que nos hizo el favor de prestarnos en una necesidad. Cuando declaramos falsamente al gobierno para evitar pagar impuestos. Cuando mentimos para obtener un beneficio del gobierno o de alguna agencia de beneficencia. Cuando no trabajamos honestamente sino que flojeamos cuando no nos mira el jefe. Cuando engañamos a nuestra esposa o esposo coqueteando con otras personas. Cuando hacemos uso del abuso físico en el hogar, golpeando a nuestras esposas o hijos. Cuando abandonamos a nuestros padres en su vejez y pobreza.

El profeta Isaías anuncia la venida de un Rey verdaderamente justo. Este Rey será refugio de todos aquellos que sufren injusticias. Mire las imágenes tan evocativas y poéticas del profeta, él será “escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.” Pero al mismo tiempo, este Rey también traerá juicio terrible contra todos los que han hecho injusticias.

Esta promesa es un dilema muy grande porque todos hemos sido, en algún momento de nuestra vida, víctimas de la injusticia pero, al mismo tiempo, todos hemos sido injustos victimarios de otros. Entonces, ¿cómo vamos a recibir los beneficios del gobierno justo de este Rey si sufriremos su venganza justa contra nuestras injusticias?

La respuesta es que este Rey ya vino y para resolver este dilema Él mismo se ofreció en sacrificio para recibir el castigo que nuestras injusticias merecen. Cuando el Señor Jesucristo murió, sobre su cruz fue colgado un letrero que describía los cargos en su contra. En el letrero se leía, “aquí está Jesús, el Rey de los judíos.” Él es el Rey humilde que vino por primera vez para sufrir el castigo que nuestras muchas injusticias merecen. Así que todo aquel que se acerca a Él en sincero arrepentimiento y fe, recibe perdón y misericordia.

Los que no se arrepienten, los que rehúsan la oferta de misericordia del Rey humilde, experimentarán su terrible enojo y venganza cuando Él venga por segunda vez a juzgar a todo aquel que “ama y hace mentira,” sean ricos o pobres, poderosos o insignificantes, de izquierda o derecha.

Es mi oración que usted reciba misericordia y no juicio, por ello le invito a arrepentirse y creer en Jesucristo. Esto es urgente, por favor no lo posponga más.

Le mando un abrazo,

Pastor Guillermo M.

¿En quién confía usted?

“¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto . . . Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras; dejad el camino, apartaos de la senda, quitad de nuestra presencia al Santo de Israel . . . Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis . . .” Isaías 30

Permítame hacerle una pregunta muy respetuosamente. Cuando usted atraviesa problemas o adversidades, cuando se encuentra en medio de las tormentas de la vida, ¿en qué cosa o en quién confía usted? ¿En dónde encuentra su fortaleza y esperanza para salir adelante en las adversidades? La vida es un vendaval continuo de oportunidades para experimentar sufrimiento y dolor. Ninguna persona está exenta de enfrentar problemas y dificultades. Esto es igual tanto para ricos y pobres, personas importantes o sin importancia, personas famosas o desconocidas.

¿A dónde busca consejo usted cuando tiene problemas en su matrimonio? Cuando su esposo o su esposa le dice que desea divorciarse de usted. ¿Qué tal cuando sus hijos tienen problemas? Cuando los jóvenes toman malas decisiones y usted desea aconsejarles y ellos son rebeldes ¿en dónde busca consejo? ¿Qué tal cuando su familia le rechaza? Cuando los conflictos entre padres e hijos, hermanos, abuelos, tíos y demás familia son tan grandes que las personas se odian en vez de amarse, ¿en dónde busca solución?  ¿Qué tal cuando tiene problemas en el trabajo? Cuando los jefes son abusivos o existen confrontaciones con otros por obtener mejor salario, mejores condiciones laborales, o un ascenso que haría su trabajo más fácil y mejor pagado, ¿en dónde busca consejo? Si alguien le acusa falsamente, ¿en dónde encuentra usted principios útiles para enfrentar tal situación?

¿En dónde busca refugio y fortaleza cuando enfrenta problemas legales? ¿Qué tal cuando un familiar es deportado? ¿Su esposo o esposa salió a trabajar pero al final del día no volvió? ¿En dónde está su esperanza? ¿En qué confía usted cuando enferma o uno de sus seres queridos enferma? ¿Cuál es su esperanza ante la muerte? Sumergido en una enfermedad incurable, ¿en quién confía? ¿Cuál es su esperanza más allá de esta vida presente?

Como ve, podría pasar el día entero haciéndole este tipo de preguntas. Lamentablemente, ante la adversidad muchas veces preferimos confiar en lo que no puede dar solución o esperanza ante estos problemas. En lugar de buscar a Dios y obtener consejo de Él preferimos confiar en el dinero, en nuestras posesiones materiales, nuestro conocimiento o capacidad para trabajar, nuestra familia o amistades. Muchos confían en su posición económica, posición social o en el gobierno – el presidente resolverá todos mis problemas. Lamentablemente, todas estas cosas son un fundamento muy frágil para poner nuestra confianza porque fácilmente desaparecen. El dinero fácilmente se acaba, nuestra capacidad es superada por la de otros, la familia nos rechaza, las amistades nos abandonan y el gobierno actúa injustamente. Toda persona que pone su confianza en estas cosas terminará en desolación porque no encontrará un fundamento firme de esperanza y consejo para las tormentas de la vida.

En el pasaje que leímos, Dios le pide a Israel que confíe en Él cuando se enfrentan a la terrible invasión de un ejercito enemigo. Dios les llama a confiar y esperar en Él, “en descanso y en reposo seréis salvos.” Dios es el único fundamento firme de esperanza y consejo porque Él tiene control de todas las cosas. Él es soberano sobre toda su creación y todo quehacer humano. Aunque los seres humanos existen en rebelión contra Él, Él domina por encima de los deseos pecaminosos de todas las personas que causan injusticia y dolor en el mundo. El tiene dominio sobre todo y nada escapa del poder de su fuerza, su voluntad y su propósito. Aún la adversidad Él la usa para hablar a nuestras vidas, para enseñarnos y mostrarnos que nuestro gozo, esperanza y consejo se encuentran únicamente en Él. Solamente en Dios puede encontrarse el consejo apropiado y la esperanza firme cuando nos encontramos en problemas o adversidades.

Lamentablemente, como Israel, preferimos confiar en los medios humanos que en el gran soberano Dios, Señor de todo el universo. Haciendo esto, cavamos para nosotros mismos el hoyo en que caeremos. Sin dirección del Señor, vivimos vidas sin esperanza, sin consejo apropiado y sin dirección.

Le animo hoy a volver su confianza a Dios y a buscarle a Él con todo su corazón. Entonces experimentará el gozo de aquellos que enfrentan la adversidad con la cara al sol porque su confianza está firme en el Dios soberano que tiene control sobre toda su creación. Un abrazo.

Pastor Guillermo Márquez

UN PACTO CON LA MUERTE

“Por cuanto habéis dicho: Pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el Sepulcro; cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos; por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure. Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo. Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio con el Sepulcro no será firme; cuando pase el turbión del azote, seréis de él pisoteados.” Isaías 28:15-18

Los comentaristas bíblicos afirman que cuando Judá (el reino israelita al sur del territorio) observó la destrucción del reino del norte llamado Israel a manos de los asirios, en lugar de buscar la protección de Dios y volverse a escuchar el llamado al arrepentimiento del profeta Isaías, ellos prefirieron establecer una alianza con la gran nación de Egipto. En lugar de confiar en Dios ellos prefirieron confiar en los poderosos ejércitos egipcios estableciendo un pacto con ellos.

El profeta Isaías iguala esta alianza a tener pacto con la muerte, a buscar refugio y esperanza dónde no existe: en la mentira y la falsedad. La advertencia del profeta es que esto significa amar su propia destrucción, el refugio de la mentira será destruido y la fantasía de un pacto con la muerte será anulada.

Al viajar a la ciudad de México y tener la oportunidad de visitar algunos de sus mercados tradicionales como la Lagunilla o el mercado de Sonora, he quedado sorprendido ante el creciente fenómeno en México de la adoración a la muerte. Uno puede caminar libremente por los pasillos de tales mercados y fácilmente contemplar estatuillas con efigies de la muerte en los mismos lugares donde las personas suelen comprar estatuillas de los tradicionales ídolos de la religión católica. El culto a la muerte no es un culto que se disimula o que se esconde en las penumbras. Es divulgado a plena luz del día y se promueve a toda persona, hombres, mujeres, jóvenes e incluso a los niños. El culto está extendido por toda la república mexicana y aún más allá de sus fronteras. Aún aquí en Fort Worth, en el centro comercial la gran plaza, puede usted encontrar locales que venden tales efigies.

Según me cuentan, tal culto está relacionado al fenómeno de la violencia, el robo y el narcotráfico que enfrenta nuestro país. La triste realidad es que no es solamente la pobreza marginal y la falta de oportunidades lo que han motivado a muchos a lanzarse a un mundo de violencia y destrucción. También es el hecho de que se ha promovido la fantasía de que es posible tener poder, dinero, mujeres y placer por medio de los negocios prohibidos como el robo, el fraude, la violencia o el narcotráfico.

Imágenes de “narcos exitosos,” bien vestidos, respetados, en control de sus vidas y decidiendo las de otros son constantemente transmitidas a jovencitos de secundaria y primaria por medio de corridos mexicanos y videos musicales. La fantasía generada es que el éxito se encuentra en la supuesta valentía de arriesgar la vida por fama y fortuna en los negocios ilícitos. Es prácticamente un pacto con la muerte. Es una búsqueda de esperanza en un lugar dónde no es posible encontrarla.

Pero tales imágenes son solo una fantasía. Esto lo confirman los miles y miles de cadáveres que desde años atrás aparecen en comunidades y pueblos antes conocidos por la apacibilidad y tranquilidad con la que se solía vivir ahí. Hoy ciudades del interior del país son aterrorizadas por una imparable ola de violencia que deja marcas indelebles aún en la población que se mantiene ajena a estos negocios.

El escritor mexicano Octavio Paz describe la actitud del mexicano hacia la muerte con estas palabras, “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. . . nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque “la vida nos ha curado de espantos” . . . morir es natural y hasta deseable; cuanto más pronto, mejor. Nuestra indiferencia ante la muerte es la otra cara de nuestra indiferencia ante la vida. Matamos porque la vida, la nuestra y la ajena, carece de valor.” Así, esta fantasía de fama y fortuna en negocios prohibidos transmitida por la cultura popular no encubre su menosprecio por la vida y su falta de esperanza. La vida no vale nada. Un corrido reciente y muy popular, el cual describe las últimas reflexiones de un narcotraficante al morir a mano de sus enemigos, cierra con un lamento terrible de dolor y desesperanza, “quisiera escapar de mi cuerpo, renacer, tener vida de nuevo. Con dolor no descansa mi alma. Solo queda perder la esperanza dentro de mi caja.”

Ante el error de buscar la esperanza en dónde no existe, Dios hace un llamado por medio del profeta Isaías, “He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.” Esta piedra preciosa es el Señor Jesucristo. La imagen de la “piedra o roca” representa fortaleza, fundamento firme, estabilidad y firmeza ante las tormentas y tempestades de la vida. Él es el verdadero refugio, la única fuente genuina de poder y victoria porque todo aquel que cree en Él no puede ser derrotado por la adversidad. Para los que ponen su esperanza en Cristo, ni la pobreza, ni las angustias, ni el temor de la violencia, ni siquiera el poder de la muerte les puede destruir porque Él Señor dijo en Juan 11, “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.”

Tal vez usted esté pensando, “este es un buen mensaje para los que hacen negocios prohibidos, no para mí que soy una persona honesta y trabajadora.” Pero hoy le digo que, si usted no está buscando su esperanza en la roca que Dios ha puesto como fundamento, es decir en el Señor Jesucristo, si usted tiene su esperanza en sus negocios honestos, en su dinero, en su propia capacidad, en su inteligencia, fuerza o sabiduría, entonces usted también ha hecho un pacto con la muerte porque no ha puesto su confianza en Dios. Tristemente, así, usted perecerá de la misma manera que el narcotraficante y el tramposo. Su experiencia será una lamentable muerte dolorosa para la cual, como dice la canción, “solo queda perder la esperanza dentro de la caja.” Y después enfrentar el terrible juicio de Dios.

Le invito hoy, con todo mi corazón a reflexionar seriamente en estas palabras y a volverse sinceramente al Señor Jesucristo en arrepentimiento y fe por que Él es la única fuente de verdadera esperanza.

Que el Señor le bendiga,

Pastor Guillermo Márquez

Una esperanza firme

“Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.” Isaías 25:7-9

En los primeros capítulos del libro de Isaías, el profeta es enviado con palabras de juicio de parte de Dios contra su pueblo Israel. El juicio viene por su injusticia, rebelión y desobediencia al pacto que Dios estableció con ellos por medio de Moisés. Dios ha levantado una nación poderosa, los Asirios, para traer guerra contra Israel. Al avanzar los capítulos, posteriormente Dios también envía al profeta con palabras de juicio en contra de la misma nación Asiria y contra las demás naciones que habitaban alrededor de Israel. Naciones como Filistea, Moab, Egipto, Etiopía y la misma Babilonia reciben advertencias de juicio de parte de Dios.

El juicio de Dios se relaciona con la justicia hacia el vulnerable, al pobre, el huérfano, la viuda, el inmigrante. (Isaías 25:4). Lo cual nos demuestra que Dios tiene derecho y autoridad absoluta sobre toda nación en la faz de la tierra porque Él es el creador y dador de vida de todo ser humano. Por tanto, sin importar lo que las personas crean o piensen, todo ser humano es responsable delante de Él.

Al llegar al capítulo 24 y 25, las referencias de juicio se generalizan contra todos los pueblos de la tierra. La justicia santa de Dios demanda destrucción total de todo lo que es indigno, injusto y pecaminoso. Todo lo que se rebela contra su santo carácter y su justicia está condenado a una justa destrucción. Lamentablemente, esta verdad pone a todo ser humano bajo condenación y juicio. Ningún ser humano queda excluido del juicio santo de Dios porque todos somos pecadores, Romanos 3:23 dice, “Por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios” y Romanos 6:23 afirma, “porque la paga del pecado es muerte. . .”

Pero aún en la advertencia de un juicio terrible, la misericordia de Dios resplandece como una fuente inagotable de esperanza. Él ha prometido que destruirá la muerte y enjugará toda lágrima del rostro de aquellos que son suyos. ¿Cómo puede Dios evitar la muerte de seres humanos pecaminosos y rebeldes sin dejar de lado su justicia, la cual clama destrucción contra todo pecado? ¿Puede el Dios justo ignorar la injusticia y rebelión de los pecadores sin dejar de ser justo?

La respuesta es absolutamente no. Dios nunca dejará de actuar con justicia. El pecado del ser humano clama castigo y la justicia de Dios demanda que el pecado sea castigado. Pero la solución que Dios da a este dilema es completamente asombrosa.

Él decide absorber sobre sí mismo el castigo que la maldad de los pecadores merece. Él envía al mundo a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, quién vive una vida de completa perfección y se ofrece a sí mismo voluntariamente para sufrir el castigo que seres humanos pecaminosos, como usted y yo, merecemos. Ahí en la cruz, Dios juzga a su propio Hijo por nuestra maldad y por tanto la justicia de Dios contra el pecado queda satisfecha. Ahora, Dios puede ofrecer misericordia y perdón gratuito a los pecadores que se vuelvan en sincero arrepentimiento y fe, para confiar únicamente en el sacrificio perfecto que el Señor Jesucristo ofreció en la cruz por nuestros pecados.

Para aquellos que confían únicamente en Cristo, la promesa de victoria sobre la muerte y consolación de Dios es firme porque el Señor Jesucristo ha resucitado de entre los muertos. En su resurrección, Jesús venció la muerte y esta victoria nos ha dado una esperanza de vida eterna que nada puede derrotar.

Las lágrimas de aquellos que confían en Jesucristo serán enjugadas y su esperanza de salvación será gloriosa, “He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.”

Es mi oración que usted confíe únicamente en Cristo, y pueda experimentar el gozo que sólo la esperanza de salvación en Cristo puede dar.

Que el Señor le bendiga,

Pastor Guillermo Márquez

Dios usa la adversidad para llamarnos al arrepentimiento

“El Señor envió palabra a Jacob, y cayó en Israel. Y la sabrá todo el pueblo, Efraín y los moradores de Samaria, que con soberbia y con altivez de corazón dicen: Los ladrillos cayeron, pero edificaremos de cantería; cortaron los cabrahigos (higueras silvestres), pero en su lugar pondremos cedros. Pero Jehová levantará los enemigos de Rezín contra él, y juntará a sus enemigos . . . y a boca llena devorarán a Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida. Pero el pueblo no se convirtió al que lo castigaba, ni buscó a Jehová de los ejércitos. Isaías 9:8-13

En el contexto histórico del pasaje, la nación de Israel se encontraba dividida en dos reinos. El reino del norte, conocido como Israel, era más prospero y poderoso. Los gobernantes de Israel no eran descendientes de la casa de David. En el reino del sur, conocido como Judá, los gobernantes eran los descendientes de la familia de David.

Desde el principio de la división, el reino del norte, es decir Israel, se volvió a la adoración de dioses falsos al crear un culto religioso en abierta oposición al culto establecido por voluntad de Dios en el templo de Jerusalén que era la capital de Judá. Conociendo la ley de Dios, ellos rechazaron sus mandamientos. Completamente envueltos en la adoración de dioses falsos importados de otras naciones, ellos se rebelaron contra el pacto que Dios había establecido con ellos por medio de Moisés.

Dios envió a sus siervos los profetas desde temprano y sin cesar para llamar a Israel al arrepentimiento y recordarles el pacto de Dios. Elías, el gran profeta del Antiguo Testamento, y su sucesor Eliseo predicaron en Israel para llamarle al arrepentimiento. Los profetas Oseas y Amós continuaron este ministerio. Pero en sus doscientos años de existencia, Israel nunca dio señales de arrepentimiento. En su gran prosperidad material, se aferraron ciegamente a su idolatría permitiendo además toda clase de abusos e injusticias a los pobres y necesitados.

Cumpliendo las advertencias de sus siervos los profetas, como juicio, Dios envía a la poderosa nación de Asiria a atacar a Israel.  El pasaje nos dice que Efraín, la tribu más poderosa en Israel, y Samaria, la capital de Israel, con soberbia afirman su confianza en su propia fortaleza para reconstruir lo que las primeras guerras habían devastado, “los ladrillos cayeron, pero edificaremos de cantería . . .” Ellos afirman que no necesitan a Dios. Ellos pueden levantarse por sí mismos. Ellos no entienden que esta disciplina del Señor es un misericordioso llamado al arrepentimiento. El último antes de la destrucción total. Pero ellos no lo entienden, ni se convierten al Señor ni le buscan.

Finalmente, en el año 722 AC, Israel es totalmente destruida por los Asirios y los sobrevivientes son llevados como esclavos a otras naciones. Tristemente, su destrucción vino como consecuencia de su rebelión al no entender el llamado de Dios al arrepentimiento.

Este ejemplo nos muestra claramente que Dios usa las adversidades para llamarnos al arrepentimiento. Dificultades, conflictos, problemas, pueden ser el último llamado misericordioso del Señor para que usted se vuelva a Él en sincero arrepentimiento. Para reconocer que Él es Dios soberano, y que no nos debemos a nosotros mismos. Tal vez esta situación que usted piensa es una maldición, es la mano ciertamente severa pero bondadosa de Dios que amorosamente le llama a arrepentirse para evitar la futura destrucción total.

En la cruz el Señor Jesucristo experimentó la destrucción total de la justicia de Dios contra el pecado, para que nosotros no tuviésemos que sufrir por ello. La adversidad es el llamado de Dios a volvernos en fe a Cristo, y por medio de Él, a reconciliarnos con Dios y evitar la destrucción total.

Dios es muy misericordioso, perdonador y ayudador. Le animo a volverse al Señor. No solamente para buscar la solución a su problema, sino para seguirle a Él en obediencia por medio de nuestro Señor Jesucristo. Es mi oración que usted pueda entender esto a tiempo.

Un abrazo,

Pastor Guillermo Márquez.

¿Temes a Dios o a los hombres?

“No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces él será por santuario . . .” Isaías 8:12-14

El miedo o temor es una fuerza muy poderosa que mueve la voluntad de las personas. Tomamos muchas decisiones importantes en nuestra vida movidos por el miedo. Temor a la falta de dinero, de trabajo, de comida, de una casa. Temor a las enfermedades, a los peligros, a los abusos, al gobierno, al narcotráfico o la policía. Temor a lo que no sabemos, lo que depare el futuro, lo que suceda el día de mañana o en los meses porvenir. Temor a la muerte.

Pero uno de los temores más grandes, y del cual se derivan todos los anteriores, es el temor de otras personas, el temor del hombre. Muchas personas tienen gran temor de lo que otros puedan hacer, pensar o decir contra ellos. Lamentablemente este temor de “otros” en ocasiones es tan fuerte que termina controlando las vidas y decisiones de muchos.

En el pasaje citado, Israel está enfrentando el terrible acoso de una nación más poderosa militarmente y el corazón de muchos se encontraba sujeto al temor de la guerra. Imágenes de violencia, abuso físico, hambrunas y muerte embriagaban los corazones de muchos israelitas. Ante este terror inminente, el profeta Isaías llama al pueblo a confiar en Dios, a santificarle y a hacer de Él el único motivo de temor. El resultado será la protección de Dios, “entonces Él será por santuario . . .”

¿De qué cosa tienes más temor? ¿de Dios o de lo que otros puedan pensar o hacer contra ti? Tristemente muchas personas que escuchan y entienden el evangelio de Cristo lo rechazan por el temor de otros. Ellos piensan que sería bueno responder al llamado de Cristo, pero su temor de lo que otros puedan decir, pensar o hacer es tan grande que prefieren rechazar a Cristo para quedar bien con aquellas personas.

Aquellos de quienes tienen temor pueden ser amigos, compañeros de trabajo, hermanos, padres, o demás familiares. Ellos tienen más temor del hombre que de Dios y tristemente, al rechazar a Cristo están escogiendo para su propio mal, viviendo bajo el juicio de Dios sin entender lo terrible que es caer en las manos del Dios vivo.

Es mi oración que esta reflexión mueva tu corazón y si el temor del hombre te está estorbando para seguir a Cristo, que hoy tomes la decisión valiente de temer a Dios y no al hombre. Decide seguir a Cristo sin importar lo que otros digan y así puedas experimentar la misericordia de Dios y no su juicio. Entonces experimentarás la gloria y gozo de aquellos que viven sin temor porque confían en un Dios soberano y poderoso que tiene control sobre toda situación.

Que el Señor te bendiga,

Pastor Guillermo M.

Los ídolos del corazón

“Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová. Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos; y pactan con hijos de extranjeros. Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin . . . Además, su tierra está llena de ídolos, y se han arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos. . . Métete en la peña, escóndete en el polvo de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad. La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día. Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido . . .” Isaías 2:5-12

Israel, la nación escogida con la cuál Dios estableció un pacto de gracia, fracasó al no entender las demandas de la santidad de Dios. El Dios de la Biblia es santo. Su santidad demanda justicia y perfección total y absoluta. Israel no entendió esto. En lugar de rendir honor y gloria al Dios santo y creador de todas las cosas, ellos se volvieron hacia los ídolos del corazón.

El pasaje en esta ocasión no se refiere a la idolatría pagana de adoración de imágenes o ídolos de madera o piedra. En esta ocasión son ídolos del corazón: costumbres, dinero (plata y oro), lo que fabricaron sus dedos (trabajo), etc. En última instancia, es la actitud del corazón que busca su gozo, placer y felicidad en cualquier otra cosa que no es Dios. Esto refleja el pecado de altivez o soberbia, “lo importante es mi deleite y satisfacción personal.” Lo que deseamos es más importante que buscar a Dios, agradecerle o darle honor y gloria.

Ante tal situación, el hombre se ha convertido en su propio dios al hacer sus deseos y necesidades el centro y prioridad de su existencia. Frente a esta actitud de soberbia, Dios llama a toda persona a juicio. El juicio de Dios será terrible y espantoso para todo aquel que con soberbia vive para complacerse a sí mismo olvidándose de Dios.

Si esta es la condición en que tú te encuentras hoy – siguiendo los ídolos de tu corazón en vez de dar gloria a Dios, con todo mi corazón te invito a reflexionar y volverte al Señor en arrepentimiento. Como pecadores todos somos culpables de esto. Nuestro Señor murió sobre una cruz para que pecadores idólatras puedan recibir perdón y misericordia. Vuélvete al Señor en arrepentimiento sincero para experimentar su amor, gracia y misericordia y no su juicio.