Nunca más desamparados

Permítame hacerle una pregunta, ¿alguna vez en su vida se ha sentido desamparado o desamparada? En algún momento, enfrentando un gran problema o en medio de un gran conflicto, ¿ha sentido que las personas en que usted confiaba le han abandonado? Tal vez incluso los amigos queridos o la familia se olvidaron de apoyarle en medio de su necesidad.

La nación de Israel vivió un momento similar ante la amenaza de guerra. En ese entonces, el ejercito Asirio venía derrotando naciones con gran fortaleza, poder y crueldad. Este era un ejercito muy poderoso para el cual Israel no era rival. Perder la guerra frente a tal nación significaba perder la libertad, caer en la servidumbre viviendo como esclavos de los Asirios, perder todas las posesiones materiales como casas, riquezas y tierras, el arribo de calamidades como las hambrunas, pestes o plagas, la separación familiar ya que muchos eran tomados como esclavos y miembros de la misma familia eran enviados a diferentes regiones, y en última instancia la muerte.

Frente a este terrible momento en la historia de Israel, la nación escogida de Dios con la cual Él había establecido un pacto, Dios tiene palabras de consuelo, aliento y fortaleza animando a Israel a confiar en Él,

Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia . . . Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor . . . Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. Isaías 41 (fragmentos).

Estas palabras son preciosas promesas de consuelo de parte de un Dios todopoderoso que tiene control sobre toda circunstancia y situación humanas. Pienso que cualquiera de nosotros desearíamos escuchar palabras similares de parte de Dios en medio de dificultades o calamidades. Pero Dios le habló así a Israel porque era su nación escogida, la nación con la cual Él había entrado en un pacto. Si consulta los capítulos 36 al 38 de Isaías se dará cuenta de cómo Dios liberó a Israel de tan terrible amenaza de guerra. Esto nos habla de la fidelidad de Dios hacia aquellos con quienes Él establece un pacto.

Hace un poco más de 2000 años, el Señor Jesucristo se sentó con sus discípulos a tener la cena de la pascua judía. Esta fue su última cena con sus amigos. Justo en el momento de la cena, el Señor levantó la copa de vino y la pasó a sus discípulos diciendo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para perdón de los pecados.” (Mateo 26:27-28).

Con esta declaración del Señor entendemos que en la cruz Él derramó su sangre para dar perdón de pecados a todo aquel que verdaderamente confía única y exclusivamente en Él para salvación. Este es el nuevo pacto por medio de la sangre de Cristo, derramada para que los pecadores que se arrepienten y se vuelven de sus malos caminos para confiar en Cristo puedan entrar en el pacto de Dios y tener salvación y vida eterna.

Este es un llamado de Dios para aquellas personas dispuestas a reconocer que son pecadores. Esta bendición está completamente cerrada a aquellos que piensan que son buenos, que merecen la aprobación de Dios por sus buenas obras, que son mejores que los demás, que se creen personas de alta calidad moral, o quienes confían en otros mediadores que no son Cristo – en la intermediación de María o los santos. Todas estas personas están excluidas del nuevo pacto porque no se reconocieron como pecadores o han puesto su confianza en otros mediadores en lugar del Señor Jesucristo quién fue el que murió por nosotros.

Pero para aquellos que entienden que son pecadores y por tanto no merecen la gracia de Dios, aquellos que saben que no tienen nada bueno que ofrecer a Dios por su salvación, aquellos que ya entienden que sus mejores obras son insuficientes ante las demandas de la santidad de Dios, aquellos que aceptan que el juicio de Dios en contra de ellos es justo porque han vivido en rebeldía contra su creador, para estos la salvación está lista. Son estas personas con quienes Dios establece un nuevo pacto, un pacto firmemente fundado sobre la perfecta obra de salvación hecha en la cruz por nuestro Señor y el derramamiento de su sangre.

Dice Romanos 4:5 que Dios es quien “justifica al pecador.” Entonces el único requisito para entrar en este nuevo pacto es ser pecador, en otras palabras reconocer que soy un pecador, volverme a Dios en arrepentimiento sincero y confiar únicamente la obra que Cristo hizo en mi favor. Tal vez usted diga, “pero no estoy listo, yo soy un gran pecador, tengo que esperar,” y para eso la Escritura nos dice que Él vino a salvar a los pecadores de sus pecados. Así que si usted es un gran pecador, tenemos ante nosotros a un Gran Salvador el cual puede salvar al más duro pecador. Si usted es un pecador ya está usted listo, vuélvase a este misericordioso salvador en fe para recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna.

Y si usted lo hace, le tengo buenas noticias. Usted no estará nunca más desamparado. Las promesas que Dios hizo a Israel también son para usted que ha entrado en el nuevo pacto de Dios y mejores aún porque en Romanos capítulo 8 el apóstol Pablo nos dice,

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? . . . Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Si usted se da cuenta, para aquellos que han entrado en el pacto de Dios por medio de la fe en Cristo, las calamidades o penalidades de la vida no pueden derrotarles porque tienen un gran salvador que ha prometido, “no te dejaré ni nunca te desampararé.”

Le invito a acompañarnos a adorar al Señor este domingo a las 11 de la mañana en la Iglesia Bíblica Redención Alvarado. Vea nuestra dirección en la página en internet: redencionalvarado.org.

Reciba un abrazo en la gracia de Cristo,

Pastor Guillermo M.

¿Qué tan grande es tu Dios?

Permítame preguntarle esta mañana. ¿Qué tan grande o poderoso es el Dios en el que usted cree? La mayoría de las personas afirman tener fe en Dios, pero difícilmente pueden dar una descripción del Dios en que ellos creen. En otras palabras, cuando usted piensa en Dios, ¿cómo es Él? ¿cuál es la imagen que usted tiene en su mente sobre como es Dios? ¿Es el Dios en que usted cree real? Es decir, ¿Este Dios verdaderamente existe o es solo una bonita fantasía que usted ha formado para liberar el estrés de las preocupaciones cotidianas?

En boca del profeta Isaías, Dios se revela a nosotros de una manera formidable como poderoso soberano creador de todas las cosas. Isaías 40 lee,

“¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?  . . . ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? El artífice prepara la imagen de talla, el platero le extiende el oro y le funde cadenas de plata. El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva. ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. Él convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarasca. ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas . . .” Isaías 40:12-26

Con imágenes evocativas y poéticas, Dios nos revela su inmensurable grandeza, su poder infinito como creador, su existencia más allá de nuestro entendimiento y su absoluta soberanía ejerciendo control sobre todas las cosas. El Dios verdadero es un Dios real en cuya mano se encuentran aún los designios de los corazones de los seres humanos más poderosos sobre la tierra. Él es quien muda los tiempos poniendo o quitando gobernantes, cambiando las balanzas de poder en el mundo y sumiendo en el olvido los nombres y obras tanto de ricos y poderosos como pobres por igual.

El Dios de la Biblia es un Dios al que no podemos domesticar. Nuestros intentos por formar una imagen adecuada de Dios son inapropiados e insuficientes ante su grandeza y poder. Y sin embargo, he escuchado a muchas personas afirmar lo siguiente, “yo creo en Dios a mi manera, no como se enseña en la iglesia o en la biblia.” Lo que estas personas están diciendo es que ellos tienen una imagen mental sobre quién es Dios y prefieren creer en esa idea que ellos mismos se han formado en lugar de conocer a Dios como Él se ha revelado a nosotros en la Biblia. Esta es una tentación en la que todos hemos caído.

Normalmente cuando pensamos así, en nuestra mente nosotros modelamos con nuestros pensamientos una imagen falsa de Dios que responda a nuestras necesidades. El propósito es crear un ídolo que nos sea útil, que se acomode a nuestros deseos y termine por servirnos sin exigir, de parte nuestra, ningún compromiso o responsabilidad. De esta manera, tratamos de domesticar a Dios creando un falso ideal que podamos manejar a nuestro antojo y que sea inofensivo a nuestros caprichos. Así formamos un dios falso que es esclavo de nuestros deseos y caprichos. De esta manera, nosotros nos creemos los soberanos y nos convertimos en nuestro propio dios, nosotros nos consideramos el centro y prioridad de todo, a nosotros sea la gloria.

Pero el poderoso Dios soberano y creador rechaza contundentemente acomodarse a nuestros caprichos y antojos. Este verdadero Dios, no el de nuestra propia creación, no está dispuesto a servir a los caprichos humanos sino que demanda de toda persona, llámese como se llame o sea quien sea, una completa y total devoción. Dios merece que nosotros le sirvamos a Él, no Él a nosotros. Nosotros le debemos a Él sumisión, adoración y amor por que Él es el creador que nos ha dado la vida y todas las cosas.

Desde su poderoso trono Dios nos reta preguntando, “¿A que cosa me haréis semejante?” Interesante pregunta. El Dios verdadero es tan grande e infinito que hacer una imagen de Él es incorrecto porque no existe ninguna cosa en este mundo con la cuál le podamos compara a Él. En palabras del profeta, usted puede entender porqué es incorrecto adorar a Dios por medio de imágenes en pinturas o esculturas, como se hace en la tradición católica. Por hermosas que sean tales imágenes, no pueden de manera verdadera describir o por lo menos acercarse a describir la grandeza del Dios santo y soberano. Por ello cuando Dios dio los mandamientos a Israel, Él prohibió completamente la adoración hacia su persona mediante el uso de imágenes. El segundo mandamiento en Éxodo 20 lee,

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen . . .” Éxodo 20:4-5

Con estas palabras tan fuertes Dios defiende su dignidad y rehúsa ser comparado a ninguna cosa en este mundo. Usted puede consultar los pasajes y darse cuenta de que la tradición católica está equivocada en este respecto.

Pero también cuando nuestra forma de pensar sobre quien es Dios no corresponde con la manera en que Dios se ha revelado en la Escritura, eso significa que el dios en quien creemos es un ídolo de nuestra propia creación del que hacemos uso para servirnos a nosotros mismos. Pensar de esta manera es tratar a Dios de una manera que es indigna de su grandeza y poder. El Dios verdadero rehúsa ser domesticado a nuestros antojos y caprichos. Dios no es nuestro servidor, nosotros debemos servirle a Él. Él demanda de nosotros una completa y absoluta devoción. Nosotros debemos servirle a Él sin reservas o excusas vanas.

Con todo mi corazón le invito a conocer a Dios como Él se ha revelado en las páginas de la Escritura y a rechazar sus propias ideas sobre quién es Dios.

Si le interesa, me gustaría invitarle a nuestra iglesia, la Iglesia Bíblica Redención para escuchar la enseñanza de la palabra de Dios. Todos los domingos a las 11 de la mañana en 8700 County Road, Alvarado, TX 76009. Puede consultar también nuestra página en internet con sermones y devocionales en redenciónalvarado.org.

Que tenga buen día,

Pastor Guillermo Márquez

El Rey justo acabará con las injusticias

¿Alguna vez ha conocido a personas que prosperan por medio de la mentira, el abuso o el fraude? ¿Alguna vez ha observado la sagacidad de muchos para hacer uso de medios injustos para obtener ventajas e inclinar la balanza hacia su propia conveniencia? El profeta Isaías nos da la promesa de que un Rey verdaderamente justo un día vendrá:

He aquí que para justicia reinará un rey . . . Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa . . . El ruin nunca más será llamado generoso, ni el tramposo será llamado espléndido . . .  ¡Ay de ti, que saqueas, y nunca fuiste saqueado; que haces deslealtad, bien que nadie contra ti la hizo! Cuando acabes de saquear, serás tú saqueado; y cuando acabes de hacer deslealtad, se hará contra ti. Isaías 32:1-2, 5 y 33:1

Lamentablemente, la injusticia y el abuso son tan comunes en nuestros días que ocurren igual entre ricos y pobres y en personas de toda nacionalidad y trasfondo cultural. Para muchos de nosotros es fácil señalar la corrupción de los gobiernos y de personas puestas en posiciones de autoridad. Y esto tristemente es realidad. Muchos salen de sus países escapando de las consecuencias que la injusticia y la corrupción han creado. Abuso, racismo, falta de empleo, pobreza extrema, violencia y toda clase de males sociales son la consecuencia de decisiones humanas basadas en la avaricia, el engaño y el uso de todo tipo de medidas injustas para obtener ventaja y dominio sobre otros.

En Latinoamérica por muchos años se nos inculcó que la revolución de las masas habría de ser la esperanza de justicia para nuestras naciones. La esperanza era quitarle los medios de producción a los corruptos e injustos para ponerlos en las manos del pueblo. Lamentablemente, todas las experiencias revolucionarias en Latinoamérica, sin excepción, demostraron que en las revoluciones y procesos políticos solamente se sustituye la opresión de unos por otros. Cuando las viejas autoridades eran derrocadas, las nuevas repetían la corrupción y el abuso de sus antecesores. Para el latinoamericano la esperanza en los procesos revolucionarios o políticos resulta ser muy flaca.

Pero la misma realidad se presenta en los gobiernos de derecha dónde las leyes macroeconómicas del mercado rigen y el pez gordo se come al chico. Es estos gobiernos la justicia y la ley frecuentemente opera en favor del rico y el poderoso. Muchas personas enriquecen y obtienen posiciones de poder haciendo uso del engaño y de todo tipo de medidas injustas. Muchos “tramposos y ruines,” como dice el profeta Isaías, son reconocidos como “generosos y espléndidos” benefactores de la sociedad. Y la gente ciegamente pone su confianza en ellos.

Es fácil señalar la injusticia de las obras y acciones de todas estas personas porque a menudo somos víctimas de sus injusticias. Pero a nuestros propios ojos, nuestros propios esfuerzos por obtener ventajas y beneficios por medio de la injusticia nos parecen insignificantes. Por lo general no nos preocupa cuando la injusticia es nuestra, sólo la de los demás.

Por ejemplo, cuando somos tentados a hablar mal de los compañeros de trabajo con los jefes para obtener una mejor posición, mejor salario y prestaciones. Cuando mentimos para no pagar lo que debemos a una persona que nos hizo el favor de prestarnos en una necesidad. Cuando declaramos falsamente al gobierno para evitar pagar impuestos. Cuando mentimos para obtener un beneficio del gobierno o de alguna agencia de beneficencia. Cuando no trabajamos honestamente sino que flojeamos cuando no nos mira el jefe. Cuando engañamos a nuestra esposa o esposo coqueteando con otras personas. Cuando hacemos uso del abuso físico en el hogar, golpeando a nuestras esposas o hijos. Cuando abandonamos a nuestros padres en su vejez y pobreza.

El profeta Isaías anuncia la venida de un Rey verdaderamente justo. Este Rey será refugio de todos aquellos que sufren injusticias. Mire las imágenes tan evocativas y poéticas del profeta, él será “escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.” Pero al mismo tiempo, este Rey también traerá juicio terrible contra todos los que han hecho injusticias.

Esta promesa es un dilema muy grande porque todos hemos sido, en algún momento de nuestra vida, víctimas de la injusticia pero, al mismo tiempo, todos hemos sido injustos victimarios de otros. Entonces, ¿cómo vamos a recibir los beneficios del gobierno justo de este Rey si sufriremos su venganza justa contra nuestras injusticias?

La respuesta es que este Rey ya vino y para resolver este dilema Él mismo se ofreció en sacrificio para recibir el castigo que nuestras injusticias merecen. Cuando el Señor Jesucristo murió, sobre su cruz fue colgado un letrero que describía los cargos en su contra. En el letrero se leía, “aquí está Jesús, el Rey de los judíos.” Él es el Rey humilde que vino por primera vez para sufrir el castigo que nuestras muchas injusticias merecen. Así que todo aquel que se acerca a Él en sincero arrepentimiento y fe, recibe perdón y misericordia.

Los que no se arrepienten, los que rehúsan la oferta de misericordia del Rey humilde, experimentarán su terrible enojo y venganza cuando Él venga por segunda vez a juzgar a todo aquel que “ama y hace mentira,” sean ricos o pobres, poderosos o insignificantes, de izquierda o derecha.

Es mi oración que usted reciba misericordia y no juicio, por ello le invito a arrepentirse y creer en Jesucristo. Esto es urgente, por favor no lo posponga más.

Le mando un abrazo,

Pastor Guillermo M.

¿En quién confía usted?

“¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto . . . Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras; dejad el camino, apartaos de la senda, quitad de nuestra presencia al Santo de Israel . . . Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis . . .” Isaías 30

Permítame hacerle una pregunta muy respetuosamente. Cuando usted atraviesa problemas o adversidades, cuando se encuentra en medio de las tormentas de la vida, ¿en qué cosa o en quién confía usted? ¿En dónde encuentra su fortaleza y esperanza para salir adelante en las adversidades? La vida es un vendaval continuo de oportunidades para experimentar sufrimiento y dolor. Ninguna persona está exenta de enfrentar problemas y dificultades. Esto es igual tanto para ricos y pobres, personas importantes o sin importancia, personas famosas o desconocidas.

¿A dónde busca consejo usted cuando tiene problemas en su matrimonio? Cuando su esposo o su esposa le dice que desea divorciarse de usted. ¿Qué tal cuando sus hijos tienen problemas? Cuando los jóvenes toman malas decisiones y usted desea aconsejarles y ellos son rebeldes ¿en dónde busca consejo? ¿Qué tal cuando su familia le rechaza? Cuando los conflictos entre padres e hijos, hermanos, abuelos, tíos y demás familia son tan grandes que las personas se odian en vez de amarse, ¿en dónde busca solución?  ¿Qué tal cuando tiene problemas en el trabajo? Cuando los jefes son abusivos o existen confrontaciones con otros por obtener mejor salario, mejores condiciones laborales, o un ascenso que haría su trabajo más fácil y mejor pagado, ¿en dónde busca consejo? Si alguien le acusa falsamente, ¿en dónde encuentra usted principios útiles para enfrentar tal situación?

¿En dónde busca refugio y fortaleza cuando enfrenta problemas legales? ¿Qué tal cuando un familiar es deportado? ¿Su esposo o esposa salió a trabajar pero al final del día no volvió? ¿En dónde está su esperanza? ¿En qué confía usted cuando enferma o uno de sus seres queridos enferma? ¿Cuál es su esperanza ante la muerte? Sumergido en una enfermedad incurable, ¿en quién confía? ¿Cuál es su esperanza más allá de esta vida presente?

Como ve, podría pasar el día entero haciéndole este tipo de preguntas. Lamentablemente, ante la adversidad muchas veces preferimos confiar en lo que no puede dar solución o esperanza ante estos problemas. En lugar de buscar a Dios y obtener consejo de Él preferimos confiar en el dinero, en nuestras posesiones materiales, nuestro conocimiento o capacidad para trabajar, nuestra familia o amistades. Muchos confían en su posición económica, posición social o en el gobierno – el presidente resolverá todos mis problemas. Lamentablemente, todas estas cosas son un fundamento muy frágil para poner nuestra confianza porque fácilmente desaparecen. El dinero fácilmente se acaba, nuestra capacidad es superada por la de otros, la familia nos rechaza, las amistades nos abandonan y el gobierno actúa injustamente. Toda persona que pone su confianza en estas cosas terminará en desolación porque no encontrará un fundamento firme de esperanza y consejo para las tormentas de la vida.

En el pasaje que leímos, Dios le pide a Israel que confíe en Él cuando se enfrentan a la terrible invasión de un ejercito enemigo. Dios les llama a confiar y esperar en Él, “en descanso y en reposo seréis salvos.” Dios es el único fundamento firme de esperanza y consejo porque Él tiene control de todas las cosas. Él es soberano sobre toda su creación y todo quehacer humano. Aunque los seres humanos existen en rebelión contra Él, Él domina por encima de los deseos pecaminosos de todas las personas que causan injusticia y dolor en el mundo. El tiene dominio sobre todo y nada escapa del poder de su fuerza, su voluntad y su propósito. Aún la adversidad Él la usa para hablar a nuestras vidas, para enseñarnos y mostrarnos que nuestro gozo, esperanza y consejo se encuentran únicamente en Él. Solamente en Dios puede encontrarse el consejo apropiado y la esperanza firme cuando nos encontramos en problemas o adversidades.

Lamentablemente, como Israel, preferimos confiar en los medios humanos que en el gran soberano Dios, Señor de todo el universo. Haciendo esto, cavamos para nosotros mismos el hoyo en que caeremos. Sin dirección del Señor, vivimos vidas sin esperanza, sin consejo apropiado y sin dirección.

Le animo hoy a volver su confianza a Dios y a buscarle a Él con todo su corazón. Entonces experimentará el gozo de aquellos que enfrentan la adversidad con la cara al sol porque su confianza está firme en el Dios soberano que tiene control sobre toda su creación. Un abrazo.

Pastor Guillermo Márquez

UN PACTO CON LA MUERTE

“Por cuanto habéis dicho: Pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el Sepulcro; cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos; por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure. Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo. Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio con el Sepulcro no será firme; cuando pase el turbión del azote, seréis de él pisoteados.” Isaías 28:15-18

Los comentaristas bíblicos afirman que cuando Judá (el reino israelita al sur del territorio) observó la destrucción del reino del norte llamado Israel a manos de los asirios, en lugar de buscar la protección de Dios y volverse a escuchar el llamado al arrepentimiento del profeta Isaías, ellos prefirieron establecer una alianza con la gran nación de Egipto. En lugar de confiar en Dios ellos prefirieron confiar en los poderosos ejércitos egipcios estableciendo un pacto con ellos.

El profeta Isaías iguala esta alianza a tener pacto con la muerte, a buscar refugio y esperanza dónde no existe: en la mentira y la falsedad. La advertencia del profeta es que esto significa amar su propia destrucción, el refugio de la mentira será destruido y la fantasía de un pacto con la muerte será anulada.

Al viajar a la ciudad de México y tener la oportunidad de visitar algunos de sus mercados tradicionales como la Lagunilla o el mercado de Sonora, he quedado sorprendido ante el creciente fenómeno en México de la adoración a la muerte. Uno puede caminar libremente por los pasillos de tales mercados y fácilmente contemplar estatuillas con efigies de la muerte en los mismos lugares donde las personas suelen comprar estatuillas de los tradicionales ídolos de la religión católica. El culto a la muerte no es un culto que se disimula o que se esconde en las penumbras. Es divulgado a plena luz del día y se promueve a toda persona, hombres, mujeres, jóvenes e incluso a los niños. El culto está extendido por toda la república mexicana y aún más allá de sus fronteras. Aún aquí en Fort Worth, en el centro comercial la gran plaza, puede usted encontrar locales que venden tales efigies.

Según me cuentan, tal culto está relacionado al fenómeno de la violencia, el robo y el narcotráfico que enfrenta nuestro país. La triste realidad es que no es solamente la pobreza marginal y la falta de oportunidades lo que han motivado a muchos a lanzarse a un mundo de violencia y destrucción. También es el hecho de que se ha promovido la fantasía de que es posible tener poder, dinero, mujeres y placer por medio de los negocios prohibidos como el robo, el fraude, la violencia o el narcotráfico.

Imágenes de “narcos exitosos,” bien vestidos, respetados, en control de sus vidas y decidiendo las de otros son constantemente transmitidas a jovencitos de secundaria y primaria por medio de corridos mexicanos y videos musicales. La fantasía generada es que el éxito se encuentra en la supuesta valentía de arriesgar la vida por fama y fortuna en los negocios ilícitos. Es prácticamente un pacto con la muerte. Es una búsqueda de esperanza en un lugar dónde no es posible encontrarla.

Pero tales imágenes son solo una fantasía. Esto lo confirman los miles y miles de cadáveres que desde años atrás aparecen en comunidades y pueblos antes conocidos por la apacibilidad y tranquilidad con la que se solía vivir ahí. Hoy ciudades del interior del país son aterrorizadas por una imparable ola de violencia que deja marcas indelebles aún en la población que se mantiene ajena a estos negocios.

El escritor mexicano Octavio Paz describe la actitud del mexicano hacia la muerte con estas palabras, “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. . . nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque “la vida nos ha curado de espantos” . . . morir es natural y hasta deseable; cuanto más pronto, mejor. Nuestra indiferencia ante la muerte es la otra cara de nuestra indiferencia ante la vida. Matamos porque la vida, la nuestra y la ajena, carece de valor.” Así, esta fantasía de fama y fortuna en negocios prohibidos transmitida por la cultura popular no encubre su menosprecio por la vida y su falta de esperanza. La vida no vale nada. Un corrido reciente y muy popular, el cual describe las últimas reflexiones de un narcotraficante al morir a mano de sus enemigos, cierra con un lamento terrible de dolor y desesperanza, “quisiera escapar de mi cuerpo, renacer, tener vida de nuevo. Con dolor no descansa mi alma. Solo queda perder la esperanza dentro de mi caja.”

Ante el error de buscar la esperanza en dónde no existe, Dios hace un llamado por medio del profeta Isaías, “He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.” Esta piedra preciosa es el Señor Jesucristo. La imagen de la “piedra o roca” representa fortaleza, fundamento firme, estabilidad y firmeza ante las tormentas y tempestades de la vida. Él es el verdadero refugio, la única fuente genuina de poder y victoria porque todo aquel que cree en Él no puede ser derrotado por la adversidad. Para los que ponen su esperanza en Cristo, ni la pobreza, ni las angustias, ni el temor de la violencia, ni siquiera el poder de la muerte les puede destruir porque Él Señor dijo en Juan 11, “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.”

Tal vez usted esté pensando, “este es un buen mensaje para los que hacen negocios prohibidos, no para mí que soy una persona honesta y trabajadora.” Pero hoy le digo que, si usted no está buscando su esperanza en la roca que Dios ha puesto como fundamento, es decir en el Señor Jesucristo, si usted tiene su esperanza en sus negocios honestos, en su dinero, en su propia capacidad, en su inteligencia, fuerza o sabiduría, entonces usted también ha hecho un pacto con la muerte porque no ha puesto su confianza en Dios. Tristemente, así, usted perecerá de la misma manera que el narcotraficante y el tramposo. Su experiencia será una lamentable muerte dolorosa para la cual, como dice la canción, “solo queda perder la esperanza dentro de la caja.” Y después enfrentar el terrible juicio de Dios.

Le invito hoy, con todo mi corazón a reflexionar seriamente en estas palabras y a volverse sinceramente al Señor Jesucristo en arrepentimiento y fe por que Él es la única fuente de verdadera esperanza.

Que el Señor le bendiga,

Pastor Guillermo Márquez