¿Qué tan grande es tu Dios?

Permítame preguntarle esta mañana. ¿Qué tan grande o poderoso es el Dios en el que usted cree? La mayoría de las personas afirman tener fe en Dios, pero difícilmente pueden dar una descripción del Dios en que ellos creen. En otras palabras, cuando usted piensa en Dios, ¿cómo es Él? ¿cuál es la imagen que usted tiene en su mente sobre como es Dios? ¿Es el Dios en que usted cree real? Es decir, ¿Este Dios verdaderamente existe o es solo una bonita fantasía que usted ha formado para liberar el estrés de las preocupaciones cotidianas?

En boca del profeta Isaías, Dios se revela a nosotros de una manera formidable como poderoso soberano creador de todas las cosas. Isaías 40 lee,

“¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?  . . . ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? El artífice prepara la imagen de talla, el platero le extiende el oro y le funde cadenas de plata. El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva. ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. Él convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarasca. ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas . . .” Isaías 40:12-26

Con imágenes evocativas y poéticas, Dios nos revela su inmensurable grandeza, su poder infinito como creador, su existencia más allá de nuestro entendimiento y su absoluta soberanía ejerciendo control sobre todas las cosas. El Dios verdadero es un Dios real en cuya mano se encuentran aún los designios de los corazones de los seres humanos más poderosos sobre la tierra. Él es quien muda los tiempos poniendo o quitando gobernantes, cambiando las balanzas de poder en el mundo y sumiendo en el olvido los nombres y obras tanto de ricos y poderosos como pobres por igual.

El Dios de la Biblia es un Dios al que no podemos domesticar. Nuestros intentos por formar una imagen adecuada de Dios son inapropiados e insuficientes ante su grandeza y poder. Y sin embargo, he escuchado a muchas personas afirmar lo siguiente, “yo creo en Dios a mi manera, no como se enseña en la iglesia o en la biblia.” Lo que estas personas están diciendo es que ellos tienen una imagen mental sobre quién es Dios y prefieren creer en esa idea que ellos mismos se han formado en lugar de conocer a Dios como Él se ha revelado a nosotros en la Biblia. Esta es una tentación en la que todos hemos caído.

Normalmente cuando pensamos así, en nuestra mente nosotros modelamos con nuestros pensamientos una imagen falsa de Dios que responda a nuestras necesidades. El propósito es crear un ídolo que nos sea útil, que se acomode a nuestros deseos y termine por servirnos sin exigir, de parte nuestra, ningún compromiso o responsabilidad. De esta manera, tratamos de domesticar a Dios creando un falso ideal que podamos manejar a nuestro antojo y que sea inofensivo a nuestros caprichos. Así formamos un dios falso que es esclavo de nuestros deseos y caprichos. De esta manera, nosotros nos creemos los soberanos y nos convertimos en nuestro propio dios, nosotros nos consideramos el centro y prioridad de todo, a nosotros sea la gloria.

Pero el poderoso Dios soberano y creador rechaza contundentemente acomodarse a nuestros caprichos y antojos. Este verdadero Dios, no el de nuestra propia creación, no está dispuesto a servir a los caprichos humanos sino que demanda de toda persona, llámese como se llame o sea quien sea, una completa y total devoción. Dios merece que nosotros le sirvamos a Él, no Él a nosotros. Nosotros le debemos a Él sumisión, adoración y amor por que Él es el creador que nos ha dado la vida y todas las cosas.

Desde su poderoso trono Dios nos reta preguntando, “¿A que cosa me haréis semejante?” Interesante pregunta. El Dios verdadero es tan grande e infinito que hacer una imagen de Él es incorrecto porque no existe ninguna cosa en este mundo con la cuál le podamos compara a Él. En palabras del profeta, usted puede entender porqué es incorrecto adorar a Dios por medio de imágenes en pinturas o esculturas, como se hace en la tradición católica. Por hermosas que sean tales imágenes, no pueden de manera verdadera describir o por lo menos acercarse a describir la grandeza del Dios santo y soberano. Por ello cuando Dios dio los mandamientos a Israel, Él prohibió completamente la adoración hacia su persona mediante el uso de imágenes. El segundo mandamiento en Éxodo 20 lee,

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen . . .” Éxodo 20:4-5

Con estas palabras tan fuertes Dios defiende su dignidad y rehúsa ser comparado a ninguna cosa en este mundo. Usted puede consultar los pasajes y darse cuenta de que la tradición católica está equivocada en este respecto.

Pero también cuando nuestra forma de pensar sobre quien es Dios no corresponde con la manera en que Dios se ha revelado en la Escritura, eso significa que el dios en quien creemos es un ídolo de nuestra propia creación del que hacemos uso para servirnos a nosotros mismos. Pensar de esta manera es tratar a Dios de una manera que es indigna de su grandeza y poder. El Dios verdadero rehúsa ser domesticado a nuestros antojos y caprichos. Dios no es nuestro servidor, nosotros debemos servirle a Él. Él demanda de nosotros una completa y absoluta devoción. Nosotros debemos servirle a Él sin reservas o excusas vanas.

Con todo mi corazón le invito a conocer a Dios como Él se ha revelado en las páginas de la Escritura y a rechazar sus propias ideas sobre quién es Dios.

Si le interesa, me gustaría invitarle a nuestra iglesia, la Iglesia Bíblica Redención para escuchar la enseñanza de la palabra de Dios. Todos los domingos a las 11 de la mañana en 8700 County Road, Alvarado, TX 76009. Puede consultar también nuestra página en internet con sermones y devocionales en redenciónalvarado.org.

Que tenga buen día,

Pastor Guillermo Márquez

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